Arzobispo
Monseñor Argüello celebra 10 años de su ordenación episcopal presidiendo la Eucaristía ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús
4 de junio de 2026
El 3 de junio de 2016, coincidiendo con la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Luis Argüello era ordenado obispo de manos del entonces Arzobispo de Valladolid, el cardenal Ricardo Blázquez —hoy, Arzobispo emérito—, tras ser nombrado por el Papa Francisco auxiliar para la Archidiócesis vallisoletana.
Diez años y un día después monseñor Luis Argüello, desde 2022 Arzobispo de Valladolid también por decisión de Francisco, ha celebrado este jueves 4 de junio el décimo aniversario de su ordenación episcopal presidiendo la Eucaristía en la Basílica-Santuario Nacional de la Gran Promesa, ante la imponente imagen del Sagrado Corazón de Jesús que emerge del retablo central de un templo que se erige sobre el mismo lugar donde el beato Bernardo Francisco de Hoyos recibió la Gran Promesa: “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”. Un signo más de que “la vida diocesana tiene una especial vinculación con el corazón de Cristo”, ha referido el propio Arzobispo. Pero también de la especial vinculación del prelado con esta devoción.
Ha sido una celebración sencilla. En la que el Arzobispo de Valladolid ha estado acompañado por algunos de sus familiares. Entre los concelebrantes se encontraba, entre otros, su sobrino Juan, presbítero diocesano. También algunos miembros del Consejo Episcopal, entre los que monseñor Argüello ha lamentado la ausencia de José Andrés Cabrerizo, fallecido el pasado lunes y a quien la Archidiócesis vallisoletana despedía ayer en la Catedral con una multitudinario y sentida Misa funeral.

Precisamente, monseñor Argüello ha querido poner en el centro de esta celebración “en primer lugar, a toda nuestra diócesis”. “Ahora”, ha recordado el prelado, “convocada a vivir Asamblea Diocesana para celebrar, precisamente, lo que significa ser una Iglesia que peregrina como pueblo entre los pueblos”. Una Asamblea que, como ha explicado en su homilía, tendrá por objetivo “discernir lo que el Señor nos pide en esta hora y, sobre todo, animarnos a que cada uno, en la vivencia de nuestra vocación, dé un paso adelante para que, así, seamos cada vez más fieles a lo que el Señor nos pide”.
En pleno Año jubilar de la Santidad, motivado por el tercer centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo —nacido en la localidad vallisoletana de Mayorga—, ha significado la relación entre esta vocación común a todos los católicos y uno de los ornamentos propios del grado episcopal: la mitra. Así, señalándose la mitra que, por cierto, estrenaba en su décimo aniversario como obispo, ha explicado que “recuerda” el obispo, en el ejercicio de su ministerio, ha de contribuir no solo “a la propia santificación”, sino también a “ayudar a la santificación del pueblo de Dios”.
“No mirar lo que pasó hace 10 años”
El Arzobispo de Valladolid ha querido leer el décimo aniversario de su ordenación episcopal en clave de futuro y eternidad, apelando a “no mirar lo que pasó hace 10 años”, sino a “mirar a lo que pasará el día del juicio, para que primero yo, como persona bautizada que ha sido llamada al Sacramento del Orden, ahora en grado de obispo, examine mi conciencia para ver si soy digno de presentarme ante Dios”.
Esta celebración, ha insistido, “es, sin duda, una ocasión de examinar la conciencia viendo, no ya los años que han pasado, sino la plenitud del tiempo en el que hayamos de presentarnos y ser examinados por lo que hemos realizado a lo largo de toda nuestra vida”.
Doble mensaje: “gracias” y “ánimo”
Monseñor Argüello ha dado “gracias a Dios” por esta celebración, así como al rector de la Basílica-Santuario Nacional de la Gran Promesa y vicario general de la Archidiócesis, Jesús Fernández Lubiano, también concelebrante, quien le expresó al Arzobispo el deseo de que celebrara Misa por la mañana en la Basílica-Santuario ya que, debido a la visita pastoral que está realizando al Arciprestazgo de Campos, no iba a poder acudir a la Novena en honor al Corazón de Jesús y, debido al viaje apostólico del Papa a España, tampoco podrá presidir el próximo 12 de junio la Misa en la Catedral con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
Agradecimiento al Señor y un mensaje de “ánimo”, ha trasladado el Arzobispo a los fieles vallisoletanos, “para seguir adelante como Iglesia diocesana, unidos en el deseo de ser signo y presencia del Dios comunión, del Dios que se entrega en este lugar concreto donde vivimos”.
Ante la visita del Papa
A las puertas de recibir al Papa León XIV en el que será su primer viaje apostólico a España, ya que el prelado vallisoletano y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) formará parte del séquito papal, ha reconocido que la celebración del décimo aniversario de su ordenación episcopal “adquiere su significado mayor” porque “el obispo, miembro del colegio universal de los obispos de todo el mundo”, ha explicado monseñor Argüello, “nos vincula especialmente con el obispo de Roma, que quiere ser y ha de ser un signo de que la Iglesia es una en su comunión; es santa porque participa de la santidad de Dios; es apostólica porque, además de fundarse en las raíces de los Apóstoles, tiene la vocación de llevar el anuncio del Evangelio a todos los lugares; y es católica, porque no se encierra en la propia sangre, o en los propios grupos, o en la propia realidad de la Iglesia, sino que se abre a la comunión”.
Terminada la Eucaristía, a la que han asistido también varios diáconos permanentes, el notario mayor del Arzobispado, el vicario territorial del Opus Dei, el vicerrector de la Basílica-Santuario y el obispo emérito de Santander, que reside actualmente en Valladolid, el Arzobispo ha compartido una fraternal comida con sus familiares —invitados sorpresa al coincidir esta Misa con el décimo aniversario de su ordenación episcopal— y algunos miembros del Consejo Episcopal en las instalaciones del Centro Diocesano de Espiritualidad.